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El bienestar urbano impulsa servicios pet-friendly

El bienestar urbano impulsa servicios pet-friendly

La ciudad contemporánea está siendo rediseñada por un actor que hace apenas una década se consideraba periférico en la planificación urbana: la mascota. Perros y gatos ya no son únicamente animales de compañía dentro del hogar; son parte del estilo de vida, de la movilidad, del ocio y hasta de la organización del trabajo. Esa transformación está empujando una nueva economía pet-friendly en torno a hoteles, transporte, oficinas, vivienda en alquiler, espacios públicos y servicios de viaje especializados. El mercado global de servicios para mascotas fue valorado en 45.580 millones de dólares en 2025 y podría alcanzar 75.080 millones en 2034, mientras el mercado específico de servicios de viaje para mascotas rondó los 2.400 millones en 2024 y apunta a más de 5.300 millones en 2034. 

La razón es simple: las mascotas condicionan ya decisiones de consumo clave. El travel retail, la hospitalidad y la movilidad están aprendiendo que, para una parte creciente de la demanda, un destino deja de ser competitivo si no admite o facilita viajar con animales. Amadeus ha descrito esta evolución como la “pawprint economy”, una dinámica en la que las mascotas pasan a influir de manera directa en la reserva de alojamientos, medios de transporte y experiencias turísticas. Otros análisis del mercado estiman que el negocio global de pet travel services podría situarse en 2.510 millones de dólares en 2025 y superar 5.700 millones en la próxima década, impulsado por la digitalización de reservas, la profesionalización de traslados y la demanda de soluciones puerta a puerta. 

El transporte aéreo ofrece una señal especialmente clara de esa tendencia. Aeroflot informó de más de 167.000 animales transportados en 2025, de los cuales más de 127.000 viajaron en cabina, mientras Emirates SkyCargo comunicó más de 14.600 mascotas y Lufthansa Cargo en torno a 12.000 en el mismo ejercicio dentro de sus operaciones de animales vivos. Son cifras parciales, pero muestran que ya no se trata de una demanda anecdótica, sino de un flujo estable que obliga a rediseñar protocolos, espacios, tarifas y experiencia de cliente. 

La oficina es otro territorio en plena mutación. La investigación académica reciente sobre iniciativas pet-friendly en recursos humanos subraya mejoras en bienestar, engagement y relaciones laborales, y recoge evidencia sobre menor absentismo y mejor clima de equipo. Estudios corporativos y de marca han llegado a asociar la presencia de mascotas con mayor satisfacción laboral y mejor percepción del rendimiento. En un mercado de talento cada vez más competitivo, permitir mascotas en determinados entornos ya no se ve solo como una concesión amable, sino como un elemento de cultura corporativa y fidelización. 

A esto se suma un cambio urbano de fondo: la mascota está contribuyendo a redefinir la idea de comunidad. La evidencia disponible sobre soledad y vínculo con animales muestra que, en adultos mayores que viven solos, tener mascota se asocia con menor probabilidad de declarar sentimientos de soledad. Más allá del dato sanitario, esto tiene lectura urbanística: barrios con más zonas de paseo, parques adaptados, servicios de proximidad, residencias y edificios pet-friendly generan más interacción social, más uso del espacio público y más demanda de comercios y servicios adyacentes. La mascota deja así una huella económica y relacional sobre la ciudad. 

El resultado es una nueva cadena de valor urbana. Surgen guarderías caninas premium, plataformas de cuidadores a demanda, hoteles con amenities específicos, edificios residenciales con dog wash, cafeterías pet-friendly, seguros para viajes, servicios veterinarios móviles y startups especializadas en gestionar documentación, cuarentenas, rutas y acompañamiento logístico. En paralelo, las empresas que no adapten su propuesta corren el riesgo de quedar fuera de una conversación de consumo que hoy mezcla hospitalidad, bienestar, movilidad y afecto. Lo pet-friendly ya no es una etiqueta simpática: empieza a ser una capa funcional de la ciudad del futuro.


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