La nutrición funcional lidera la innovación en mascotas
La alimentación de las mascotas está dejando de ser un simple acto de mantenimiento para convertirse en una de las grandes fronteras de la prevención veterinaria y del negocio global del petcare. El mercado mundial de alimentación para mascotas se situó en torno a los 128.200 millones de dólares en 2024 y podría alcanzar los 185.500 millones en 2030, mientras otras proyecciones lo elevan desde 132.400 millones en 2025 hasta 247.700 millones en 2035. Detrás de este avance no solo está el aumento de la población de perros y gatos, sino un cambio mucho más profundo: los propietarios quieren fórmulas capaces de mejorar digestión, movilidad, inmunidad, salud cognitiva, piel, pelo y control del peso.
Dentro de esta evolución, la nutrición funcional se está convirtiendo en el segmento con mayor capacidad de diferenciación. Ya no basta con vender proteína, sabor o formato premium. Las marcas están incorporando probióticos, prebióticos, ácidos grasos omega-3, condroprotectores, antioxidantes, ingredientes botánicos y fórmulas adaptadas a edad, raza, tamaño, nivel de actividad o patologías concretas. Un informe sectorial situó el mercado global de functional pet food en 24.346 millones de dólares en 2025, con previsión de alcanzar 31.484 millones en 2034. Aunque las cifras varían según la firma de análisis, todas apuntan a la misma dirección: la alimentación funcional ya no es un nicho, sino uno de los motores de valor del sector.
El empuje viene también de una realidad clínica cada vez mejor documentada. La American Animal Hospital Association recomienda que la evaluación nutricional se realice idealmente en cada revisión veterinaria, integrando condición corporal, masa muscular, historial dietético y necesidades específicas del animal. Esa visión ha ganado urgencia porque el sobrepeso se ha convertido en una de las grandes amenazas silenciosas del bienestar animal. La Association for Pet Obesity Prevention señaló en 2024 que el 35% de los propietarios de perros y el 33% de los de gatos afirmaban que sus animales tenían sobrepeso u obesidad, una subida frente al 17% y 28% registrados el año anterior en esa misma encuesta. A ello se suma nueva evidencia poblacional en millones de registros veterinarios que refuerza la conexión entre exceso de peso temprano y mayor probabilidad de obesidad en la edad adulta.
Ese contexto está acelerando el paso hacia dietas más personalizadas. En la práctica, esto significa alimentos formulados para reducir inflamación intestinal, mejorar microbiota, apoyar articulaciones en perros sénior, modular ansiedad mediante ingredientes funcionales o controlar calorías sin perder palatabilidad. La industria ha entendido que el consumidor ya piensa en su mascota con una lógica cada vez más cercana a la salud humana: prevención primero, tratamiento después. Esta “humanización” del consumo explica por qué la alimentación especializada y premium sigue ganando peso incluso en entornos de inflación. APPA elevó el gasto total de la industria pet en Estados Unidos a 158.000 millones de dólares en 2025 y proyectó 165.000 millones para 2026, prueba de que el propietario está recortando en otras partidas antes que en el bienestar animal.
Las implicaciones para fabricantes, clínicas y retailers son profundas. El lineal se está reorganizando alrededor de beneficios concretos: “gut health”, “joint support”, “skin & coat”, “weight control”, “calm & behavior”, “senior vitality” o “immune defense”. Al mismo tiempo, el veterinario gana centralidad como prescriptor y filtro de credibilidad, porque el consumidor quiere promesas que suenen científicas y, sobre todo, medibles. En otras palabras, la próxima gran batalla del pet food no se librará solo en precio o branding, sino en evidencia, segmentación y capacidad para conectar nutrición con longevidad.
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